Quieres a tus hijos con locura. Y aun así, hay días en los que no te queda nada. Ni paciencia, ni energía, ni ganas. Haces lo que hay que hacer, pero en automático, y por la noche te pesa la culpa de no haber estado como te gustaría.
Si te suena, no es que lo estés haciendo mal. Puede que sea burnout parental.
Tiene nombre
Se llama burnout parental y puede afectar a madres y a padres. Las madres lo sufren algo más a menudo, sobre todo porque suelen cargar con más parte de la crianza, pero muchos padres también llegan al límite. Se reconoce por cuatro señales:
- Agotamiento: te levantas sin energía y el día con los niños se te hace una montaña.
- No te reconoces: sientes que ya no eres la madre o el padre que eras, o que querías ser.
- Saturación: llegas a un punto en el que no puedes más.
- Distancia: sigues cuidando, pero por dentro desconectas, como si fueras con el piloto automático.
No es el cansancio normal de criar. Ese se va con un buen descanso. El burnout no, y además te quita lo más bonito: disfrutar de tus hijos.
Más frecuente lejos de casa
Un estudio con más de 17.000 madres y padres de 42 países encontró que el burnout parental es más común en los países más individualistas, donde se espera que cada familia se apañe sola. En Suiza afectaba a alrededor del 7 % de las madres y padres, casi el doble que en España (3,9 %). En la mayoría de países de Latinoamérica la cifra era más baja.
El apoyo marca la diferencia. Un estudio chileno con madres encontró que, cuando otras personas comparten la crianza, el burnout es menor. Cuando crías lejos de tu familia, sin unos abuelos que se queden una tarde ni amigos que pasen a traer comida, la carga cae entera sobre ti, o sobre ti y tu pareja. Y si además te exiges hacerlo todo perfecto, todo pesa el doble.
Señales para no dejar pasar
- Gritas más de lo que querrías y luego te sientes fatal.
- Fantaseas con escaparte, aunque sea unos días.
- Te cuesta disfrutar de tus hijos.
- Duermes mal, enfermas más o vives en tensión.
- Sientes que nadie te entiende.
Si en algún momento tienes pensamientos de hacerte daño, o te da miedo perder el control con tus hijos, pide ayuda hoy mismo: habla con tu médico o llama a urgencias.
Se puede salir
El burnout no se arregla con fuerza de voluntad, sino equilibrando la balanza: menos exigencia y más apoyo.
Pedir ayuda no es un lujo: cuidarte también es cuidar de ellos. Un estudio de 2025 con más de 2.000 familias, recogido por el Consejo General de la Psicología, relaciona el burnout de los padres con más ansiedad y malestar en los hijos adolescentes.
En terapia hacemos sitio para todo eso. Para la culpa, para el cansancio, para la persona que hay detrás de la madre o el padre. Buscamos qué puedes soltar, dónde puedes pedir ayuda y cómo volver a disfrutar de tus hijos sin perderte por el camino.
Si te has reconocido aquí, la primera sesión es gratuita. Puedes hacerla desde casa, aunque sea durante la siesta de los peques.
Fuentes
- Pérez-Díaz y Oyarce Cádiz (2020). Burnout parental en Chile y género: un modelo para comprender el burnout en madres chilenas. Revista de Psicología, Universidad de Chile
- Infocop, Consejo General de la Psicología (2026). El burnout parental, un riesgo silencioso para la salud psicológica en adolescentes
- Roskam y colaboradores (2021). El burnout parental en 42 países. Affective Science
- Roskam, Brianda y Mikolajczak (2018). Parental Burnout Assessment. Frontiers in Psychology


